domingo, 9 de noviembre de 2014

64


Hoy no escribiré nada especial.
Tendrías 64 años como las entradas que llevo escritas y llevarías tu pelo aun más blanco del que ya lo tenías.
Hace 12 años, ya habían pasado 12 días desde el cisma de la niñez y la adolesencia y, como dije antes, las coincidencias son solo la ilusión de la coincidencia, nada queda a la suerte de la ruleta acá en este mundo.

Trataré de seguir más tus enseñanzas que tus desvelos y desaventuras.
Es lo único que me queda por hacer ahora, y es lo único que me puede quitar el hambre

lunes, 3 de noviembre de 2014

La eterna batalla del cielo



No es coincidencia que en este momento sienta que mi llama interior se esté apagando.
No es coincidencia que en este momento quiera dormir hasta que mi calma se expanda.
Hay una nebulosa intensa rodeando mi claridad y necesito de un momento de paz, tener un poco de paz para meditar y enfocarme en lo que hasta acá me ha traído la vida.
Intento gritar al cielo pero no es la solución, trato de llenar mi mente con melodias de EITS, Mono y If These Trees Could Talk, pero no hacen más que profundizar la situación inevitable a la que me tengo que enfrentar: ya estoy mucho más viejo que antes y la vida me resumió que ahora debo tomar mis propias decisiones y enfrentar la realidad tal cual es.
Ya no hay vueltas atrás, no hay barreras ni impedimentos pero si una sensación de incertidumbre que se adueña de cada rincon de mi psiquis y que vuelve loca a mis dendritas.
El Momento es acá y ahora porque todas las oportunidades que el cosmos nos otorga son planeadas meticulosamente y son irrepetibles.


No existen las coincidencias, sólo la ilusion de la coincidencia.

martes, 14 de octubre de 2014

Purificación

 Mi piel está apartada de la tuya , como si hoy los corazones se encadenaran reprimidos hacia el cerebro emperador.
Lentamente voy olvidando que tu espectro sonoro, tan común como el de todos, fue alguna vez especial y único.
Apartandome con descuido y desínteres de quinceañera sin autorespeto, saciada de los ofrecimientos juveniles de las versiones mas contemporáneas de los principes azules.
Rechazando las miradas cómplices y casi devolviendo los besos de alguna vez, esos que el joven de la manada ha reclamado suyas y que el aún más joven usurpa diariamente.






viernes, 25 de julio de 2014

Ya desapareció, por fin y luego de mucho tiempo y dudas, el atormentador que merodeaba en los rincones oscuros de mi mansión. Por fin puedo abrir las puertas de mi castillo y dejar que el interior se impregne con luz solar y polen, dejar que las enredaderas crezcan al ritmo de la naturaleza y que los animales vean en mi un lugar donde descansar.
Lentamente el Invierno y las tormentas se alejan, mas aun, por más que quisiera vivir entre las sombras, ya no es un lugar para mí estar allí y regocijarme con el encanto de tu mirada, Avellaneda.
Ya no hay lobos, ni caperuzas corriendo; solo hay un montón de resignaciones positivas y una gran hospitalidad latente.


lunes, 23 de junio de 2014

60 minutos de viaje sentado

Santiago se llenó de neblina y frías corrientes de aire, como si hubiese adivinado la resolución de mi súbita condición durante las jornadas extensas de labores cotidianas. No hay nadie en las frías aceras de la ciudad, sólo yo y un ego alimentado por músicas que traspasan las barreras de lo correcto y lo aceptable dentro de los actuares posibles de un ser humano que, día a día, trata de evitar el descontrol.
Llegué a tu recamara, cabalgando triunfante como la muerte, sobre un hipogrifo liberado de su encarcelamiento en la más alta mazmorra de la civilización humana, armado con un sable de fuego que salía de mi boca, una espada tan afilada que podría rebanar hasta el alma más pura sobre la tierra.
Ya no habían lienzos, ni caballeros medievales y menos aún algún indicio del cuadro que alguna vez pinté con la pluma que de mi tráquea había surgido.
Quemar, quemar, quemar todos y cada uno de los fantasmas que allí trataron de sobrevivir.
No quedó nada más que cenizas de una imagen que aprontaba el advenimiento de lo inevitable.
Ya no estabas allí, si es que alguna vez lo estuviste. Sólo quedo la coraza y la ánima que perecía en el seno de la armadura; la voz se eyectó hacia la luz, hacia lo formidable y lo efímero del universo, lanzándome un abrazo desde los rincones más perdidos de una dimensión donde todo podía ser probable, dimensión a la cual jamás podre ingresar si las auras del submundo se reniegan a que bautice aquel sitio como mío y proclame mi hegemonía sobre los espectros.
El hipogrifo en un gato romano se convirtió y me sugirió tomar el primer bus hacia mi destino, un viaje de 60 minutos que se convirtieron en una eternidad, mientras la música de lo incorrecto traspasaba las barreras de lo aceptado, volviéndose la ley más absoluta escrita alguna vez por el portador de la Luz.
Sólo estaba yo y mi espada de fuego, esperando encontrar el agua que calme mi sed, en un Santiago lleno de neblina y frías corrientes de aire

viernes, 6 de junio de 2014

Baldorth y la caída de Babilon

Dibujando escaleras sobre las opciones del antecesor
ningún mortal había querido enterarse de un hecho tan simple como notar el veneno de sus hojas
no era más que un pájaro enjaulado en su propio temor, un pichón frágil como la voz de una diva
chupaba, ahogaba sus penas en mierda, lindo sentido tu vida.
Acá está la cura a tus males
cantar, bailar
fornicar como si estuvieras en república Dominicana
No existe el cielo ni el infierno, nada más que tus ojos en mi ombligo ahora
mis culpas no existen, tus temores y tus dudas sólo serán por que ropa deberás usar
quiero una casa, gigante, con un prado enorme cubierto de hielo en invierno
donde las ovejas salten de alegría porque he venido a jugar con ellas
una mansión enorme donde corran niños y mis partituras sean el papel mural de la obscena situación
regalame un pincel de un pelo y te haré un hermoso retrato idéntico
SUELTA MI PIANO!
Sigue siendo mi musa, mi súcubo delirante, que la gota de dulzura y sensatez la pongo yo
la rigidez de la cabeza hecha testosterona eres tu, un alma tan resilente como el delfín que salio del acuario
Un pez sin hogar, un hogar sin peces, peces sin hogares, hogares sin gente... te dije que quería una casa?
Esto soy yo, un alma insalubre buscando algo aun más insalubre para sentirme vivo...
Y no se trata de eso el vivir?
Basura, percepción, risas, llantos, dolor, desenfreno, descontrol puro de la lógica
un arrecife de las corrientes mas enarboladas de la conciencia humana.

domingo, 1 de junio de 2014

Korobéinik

Recorrí muchos lugares buscando una mirada así
llena de vida y luz que me guié hacia la libertad
Ya no existen los días, tampoco las horas ni la lealtad
Sólo lo que quiero ver es mi cuerpo en en cielo azul
Siento que mi mesa cada vez se llena de cosas inservibles
pero siempre habrá alguien que desee algo por un poema
Mil poemas voy a escribir contigo bajo mi telón
Donde solo estemos tu y mi alma fría del Wolchow

La guerra se acaba
la guerra se termina
la guerra no deja nada más que odio

Vivo, vivo cada día pensando en nuestra libertad
Ya no hay a qué temer, mirame denuevo sin hablar


Vyydu, vyydu v rozh' vysokuyu,
Tam do nochki pogozhu,
Kak zavizhu goluboglazyy,
Vse tovary razlozhu.




jueves, 29 de mayo de 2014

1000 ways to Hell

Todos los caminos conducían a Roma, la matriz del Imperio.
Hoy en día todos los caminos conducen a ti, reluciente sobre el cielo oscuro y frío, donde tus brazos se propagan exponencialmente a la velocidad de la luz.
Tu eres mi hogar, el lugar donde el alma puede descansar, donde el sol no es más que un simple festejo de los temerosos que despavoridos arrancan de las tinieblas que tanto nos gusta contemplar.
Tus sórdidas guitarras suenan al son de mi voz y mis tambores, ya sabes que sigue después de entregarle nuestras almas al demonio. Déjate de meditar sobre la existencia y pierde el miedo, rebelarte ante las leyes naturales es tu destino, sucumbe ante la locura de sentir las cadenas chocando contra el suelo.
Dame una maldita señal de que dejarías la vida cristiana y que me ayudarías a quemar este mundo lleno de mentiras; dime que sientes las mismas ganas de caer en el flagelo imperfecto de pecar y sufrir, de vomitar y destruir, dime que no hay mañana y que esta noche quieres vivirlo todo al mismo tiempo...
No dejes que el miedo a los fuegos eternos del infierno te corroa, pues ya estamos al menos hasta la mitad del camino hacia el profano imperio de Satanás Lucifer, el padre que nos vió nacer y el mismo que nos verá morir en placer sin una gota de arrepentimiento...

La luna llena sigue brillando...



PS: Gracias a todos por las más de 1000 visitas.
Es un halago saber que leen un poco de mi "Arte" :)

lunes, 26 de mayo de 2014

Venganza

- ¿Que haces acá en mi cama, hombre imbécil y poco recatado?
- Vengo a cumplir lo que en tu cabeza sigue resonando cada mañana cuando despiertas...
- No te necesito
- Ni yo tampoco, pero sabemos que si necesitas de esto para sentirte viva y no será ningún otro más que yo el que te haga sentir la única dicha de la vida en un ademán de vaivén.


Recogí tu cuerpo desde la entrada de tu alcoba, sentía cada aroma de tu mundana existencia en cada milímetro de tu piel que mi lengua recorría. Tu suave y delicado uniforme se transformó en un asqueroso trámite para cumplir lo que ya sentías en tu cuello que iba a suceder. Tomé tu mano y con un gesto apresurado me la apretabas clamando piedad, mientras mis labios recorrían esa parte detrás de tus orejas que tanto te hacen temblar y que provocan nerviosismo hormonal a niveles ultrásticos. No aguantabas ni un segundo más en esa habitación, pero tus gemidos te obligaban a lanzarme de un descontrolado empujón a tu blando aposento y a sentarte en mis muslos, otra vez. Sabías que no era lo correcto, pero ya a esas alturas era imposible frenar una locomotora que no dejaba de quemar leños.
Mientras tratabas de hacerme creer que no sentías nada, mis ganas de callarte el pensamiento con las manos rodeando tu cintura se hacían evidentes; tratabas de arrancar cual niña asustada ve a un ebrio en la calle. No soportaste tu castigo inmenso y rajaste mi camisa en un santiamén; bajabas el resto de mi ropa usando tu corporalidad y no tus extremidades, imponiendo un poco de experiencia en el asunto y entregándote a mis placeres culpables. Ya no había ropa ni cama, sólo mi cuerpo frío y tu humanidad sudada encima de mi, mordiéndome todo lo que pudieses encontrar en mi ser, mientras una motosierra adornaba la situación con agógicas aceleradas y violentas. Ya no era solo placer, ahora deseabas desgarrar mi alma con tu entrepierna y humillarme, hacerme sentir inferior con la mirada jadeante de tus dedos y tu boca, no querías nada más que sentir durante toda la noche como me abrazabas con tu interior y como yo ya estaba siendo parte de ti.
Sangré de la boca por tus bocados, pero eso poco te preocupó y caíste en el flagelo de recolectar mi sangre y frotarla en tu espalda. Ya no era sólo un joven alocado pidiendo que, con tu azul radiante, callaras mi libido: era un esclavo, un hombre más que llevas al hombro cual cazador lleva en sus garras a un conejo destripado. Me destripaste por completo, conocías cada rincón de mi cuerpo y sabías que sucede cuando me miran de frente, mientras el vaivén de tus caderas liberaban esa electricidad en nuestros genitales de forma tan placentera como cuando bebes tu taza de café después del almuerzo. Ya no podíamos hacer nada más que movernos como un árbol resilente ante la brisa de la juventud. La luna no me dejó despegar mi lengua de tu seno, marcaba un camino predilecto entre el placer y la locura.
Acabaste por tenderte a un costado de mi, acariciando mi pecho como si fuese un animal recién domesticado, mientras con tu pierna derecha rozabas a mi pequeño peón. Sellaste mi mirada junto a la tuya y, entre risas y besos salvajes, tomaste mis ropas y las lanzaste al jardín. Jadeante, me quedé rondando tu alcoba, esperándote cada luna llena hasta el final de mis días de virilidad, y hasta que tu desees nuevamente atar al macho cabrío a tu templo y obligarlo a pecar como nadie más que tu sabe hacerlo.

sábado, 24 de mayo de 2014

Sin título

He aquí la historia de un joven que, por castigo divino y según cuenta el mito, fue condenado a no poder estar con su anhelada compañera nunca jamás o hasta que los dioses dejasen de existir.
Verbrennung era un joven cualquiera, con aficiones, sueños, amigos, metas por cumplir, una joven vida de 25 años, un macho vigoroso, de mediana estatura pero de corazón pleno y siempre desarraigado de su propio bienestar para darle lo mejor de sí a la gente que lo rodeaba. Se caracterizaba por tener una larga cabellera blanca (herencia irrevocable de su padre), algo de barba y unos bigotes dibujados con el tronco de un árbol (sí, de esos bigotes que crecen hacia todos lados). No usaba más que harapos y piezas de metal, le importaba poco y nada el como se vestía pues, según él, la gente de su pueblo y los otros más cercanas se podrían vestir con lino y oro y seguirían apestando. Traía siempre consigo una cadena, una daga y algo de marihuana medianamente fresca para calmar sus ansiedades, las que surgían inexplicablemente durante todos los viajes que solía hacer y que solían atraparlo en largas reflexiones durante el día.
Trabajaba como leñador y cazador junto a sus hermanos, tratando de sobrevivir en un mundo asediado por la sequía y las guerras.
Verbrennug siempre fue de muchas amistades, un tipo bastante conocido en varios lugares (gustaba del viajar y conocer, solo o acompañado) y que solía frecuentar de vez en cuando a sus amigos más cercanos para compartir la dicha de estar vivo y, aprovechando las situaciones, ver si necesitaban ayuda con las labores que el podía realizar.

Así fue como, en un pasar de años, él conoció a una de las niñas más tiernas y queridas de su pueblo. Una joven alta (más que el al menos), de tes clara y de pelo negro, con unas manos delicadas y pequeñas como una semilla y con una voz inconfundible. Sin más preámbulos, se decidió a invitarla a tomar un paseo entre los cerros que rodeaban al pueblo y su petición no fue negada. Nargasaʾ era una mujer de buena familia, de mejor situación económica que la de Verbrennug pero eso no era problema para la joven ni para sus padres sino más bien, alababan que la inquieta joven pudiese compartir momentos gratos con un hombre humilde, de economía estable y de amplia cultura (Verbrennug sabía mucho de muchas cosas), pero por sobre todas las cosas, tan sincero y amable como sus amigos podían recomendarlo.
Empezaron entonces a tener una relación de complicidad, de amor, mucha ternura y planes a futuro (de esos que la gente aun hace cuando de enamora), algo que con el pasar del tiempo era mucho más cercano y fértil; Verbrennug ganaba ahora más dinero del habitual y Nargasa' ayudaba a su hombre con los quehaceres de la sobrevivencia: lo ayudaba a cortar leños, aprendió de caza y su destreza con las espadas fue como ninguna mujer pudo hacerlo alguna vez.
Estaban decididos y destinados a estar juntos por siempre, trabajando día a día por un mejor pasar en el mundo terrenal, pero acá ya es donde los dioses deciden intervenir puesto que, entre todas las profecías escritas, habidas y por haber, ninguna dictaba que ellos se inmortalizarían juntos.

El Dios más grande en la cultura de nuestros jóvenes quiso castigar a Verbrennug por su insolencia ante el destino,por lo que, para dar un castigo ejemplar a él y todos los humanos, convirtió los brazos del joven en dos rafagás de viento muy frío para que no pudiese cortar leña, ni cazar ni abrazar a Nargasa. Ante este castigo, Nargasa' quiso sacrificarse y decidió de por vida dedicarse a atender al joven en lo que el necesitara. Semanas más tarde, encolerizado por la desfachatez de la mujer, el Dios Supremo quiso revertir la situación y le privó de los ojos y los labios a Verbrennug, convirtiéndolos en piedras y espinas, respectivamente. "¡Por fin habrán de entender que el destino lo firmamos nosotros!" señalaba la deidad, sumida en su omnipresencia . Sin embargo, la joven no lo abandonó y procuro velar por su vida inclusive teniendo que ofrecer su vida a los dioses.
Ante tal gesto de amor, una horda de sirvientes apareció en la puerta del pequeño hogar de los héroes, en caballerías aladas y con armaduras tan brillantes como cuando el sol alumbra en el norte. Un noble caballero, de voz suave y penetrante abrió la puerta de entrada y se dirigió a ellos: "Nosotros perdonamos esta grave falta al destino, pues, aunque ya sólo queden restos del cuerpo de ti,sabremos que ella siempre te acompañará. Ella no es con quién debes alcanzar la inmortalidad, sino más bien la mujer que vive lejos de acá, esa misma a la que alguna vez conquistaste siendo sólo tu y nadie más que tú".
Sorprendido ante esta situacion, Verbrennug le pidió al brillante caballero un momento a solas, afuera, donde caía la nieve y mientras el brillo del jinete iluminaba todo el sector, cual aurora boreal dignifica las noches maravillosas de la gélida estación. Abriendo las espinas de sus labios, Verbrennug trató de respirar profundo, sus espinas se abrieron y logró sentenciar:

"Yo esperé durante todos estos años a esa joven de la que hablas, cálida y celestial, una flor que nace en invierno y que nunca deja de brillar. La misma mujer a la que socorrí en mi pasado y que se ha ganado mi amor eterno de alguna forma bien especial. Pero, mi querido amigo, aún sigo esperando la señal que me haga sentir que debo tomar el primer caballo que encuentre y partir. Todos los días suceden y cada gesto que hay en mi vida es un reflejo de lo que siempre pudimos construir con la mujer de la que me hablas. Han sido años muy fríos, llenos de soledad y angustia, pero Nargasa' ha sabido cuidar de mí como nunca nadie lo hubiese hecho. ¿No sería entonces una locura tomar mi rumbo hacia el norte y dejar todo lo que me han entregado acá? No puedo dejar a esta bella mujer sola, pues no hay nadie que pueda tomar mi lugar, cuidarla como nunca lo supe hacer y entregarle su vida como ofrenda."

Con el caballero reluciente deslumbrado ante la situación, el mas grande de los dioses apareció en forma de pripkake, el más colorido y despampanante que alguna vez alguien haya visto.
Lentamente empezó a derretirse y, mientras tal hecho sucedía, sonaba una voz muy dulce, como si un ángel tocara la melodía más hermosa del universo. Se escuchaba muy tenue pero claro:

"¿Y así que has de desafiarme? Bueno, tendré que hacerles entender que los sacrificios valen la pena cuando son con verdaderas intenciones. No hiciste caso a mi llamado ni a tu profecía, no quisiste perder el miedo de no encontrar nada si es que salías de tu hogar e ibas en búsqueda de tu ninfa. El miedo fue mi mayor señal y tu no supiste jamás superarlo. Aprenderás ahora que deberás perder el miedo siempre, pues si la gloria de la inmortalidad quieres alcanzar, deberás sacrificarlo todo por la más noble de las intenciones: tu hogar será por siempre un castillo de hielo que no entumezca la carne y tu mujer concebirá a una hermosa criatura, idéntica a la mujer que no quisiste rescatar de su angustia, con su misma cabellera, sus manos, los mismos pies pequeños que delatan su refinada alma, esos ojos claros como el hielo en el que me he convertido ahora y con la misma voz dulce que estoy entonando, los únicos recuerdos que tendrás de ella. ¡Y a tí te tocará mucho más! Te privo eternamente la capacidad de llorar y expresar tu pena, pues has derrochado tus emociones y ya no mereces tan preciada habilidad..."

Y el ente se derritió completamente, dejando el sabor más dulce en el agua que nunca pudo haber sobre esas tierras...


jueves, 22 de mayo de 2014

Unchain the wolves

La única salvación, en ese entonces, era que el saliera corriendo del tronco de su hogar, su fría y pestilente morada, el lugar que le daba abrigo ante las adversidades de la vida salvaje dentro del bosque, los intentos fallidos, las noches de desesperación, su reflejo en la corteza más putrefacta de su nicho; ya no estaba a gusto allí pues solía colgar algún recuerdo de quienes habían sucumbido ante su raro convencimiento.
Estaba decaído, malhumorado, ya no quería seguir agregando humanos al listado de sus bocados, necesitaba algo diferente, fuera de lugar, algo que lo desquiciara y le volará el paladar por completo.
Así fue entonces como el lobo decidió ir en búsqueda de una nueva vida, dejar de lado sus viejas costumbres y encontrar algo nuevo, sin señal alguna de que su nueva misión tendría éxito o si realmente debió abandonar su árbol, su único compañero en muchos años.
El lobo comenzó a dar vueltas en círculos, llegando siempre al mismo punto donde inició su viaje y, enajenado reclamando contra Dios y su destino, decidió caminar de espaldas y avanzar de forma diferente, sin esperar nada a cambio de lo que progresivamente aparecía delante de sus amarillentos ojos. Fue ahí, en ese instante preciso, donde se vio devorándose a sí mismo, buscando una respuesta para algo que no existía.
Ya lo había encontrado, debía volver a ser el lobo y no más que un simple devorador de plagas.
"Decídete entonces y deja de balbucear!" se decía a sí mismo, enterándose de su único rol y de porqué el gozaba tanto derramar la sangre de quienes atravesaban su bosque.
Dejó de hacer circunferencias y raudamente se dirigió a la casa de la caperucita, derribó de una cuchillada ese portal que se veía algo seguro y la encontró, allí, dibujando un par de cuadros a su abuela. Lentamente se acercó a ella y clavó sus afilados dientes en su cuello, esperando a que su sangre brotara como una enorme catarata. La verdad, no había nada más gratificante para él que sentir la energía de la juventud rebozando sus cadenas y dejando que la sangre fluyese cual ráfaga de viento en Invierno, haciendo que el corazón de la joven estallase un mílisegundo, por el mismo impacto de sentir como se queman los trozos de carne desgarrados de su musculatura...
Sentía que estaba en la cima del mundo, no había nada que pudiese derribarlo ahora, mas no sabía que siempre hubo una cosa que era capaz de detenerlo: el lobo no le temía a la caperucita por su astucia de enfrentarse a él, ni sentía una gota de temor al cazador que la resguardaba y que el supuso que llegaría a rescatarla, no pudo entender que una sola mirada de ella. tan hipnotizadora como la serpiente que Caín quiso superar, podía provocarle tanto pavor, y no sólo a el, si no al efecto que ésta tenía sobre todas las criaturas del bosque.
No quedó más que eso, un cachorro lobezno minimizado ante la iris de una joven cautelosa que no quiso enviarle una señal al lobo para, digamoslo así, herirlo de forma inevitable.El lobo no titubeó y arrancó como pudo de tal lugar, aullando ante una luna llena que lo cargaría de energías para atacar nuevamente y, quien sabe, encontrar a su próxima presa.
Todos tenemos un lobo interior y salimos como flechas sin dirección a nuestra búsqueda, pero que no les quepa duda alguna que algunos son extremadamente arriesgados a la hora de ir a buscar su cena, más aun si tratan de parecer lobos y salen atemorizados corriendo, tal cual la oveja negra del rebaño trata de perder de vista a su trasquilador.




jueves, 15 de mayo de 2014

baise moi


Sólo quiero ser humo y tu el viento que baila en mi cintura, el que desfigura mi rostro en ascuas de liberación hormonal. Golpea mis entrañas con tus muslos tantas veces como puedas sobrevivir a este ritual con motosierras, cadenas y escarcha sobre nuestro momentáneo aposento. Baise moi, como nunca lo habías hecho antes, ingiere cada trozo malévolo de mi ser y hazlo parte de ti, confundete entre mis piernas y déjame apretar tus muslos hasta que sangres de placer...
Sé que quise olvidarte de mi piel, de mis recuerdos, de mis dulces manos que te hacen cosquillas y de mis ojos que te conmocionan aún; quise extirparte de mi racconto, mas aún me queda rendirme a querer invocar tu lengua afilada  y tus dientes aferrados a mi hombro, mientras descargas tu ira contra la opresión en mis brazos y me haces sentir parte de tu emancipación, el más puro sentimiento de libertad y despreocupación social...

Acá estoy, siempre estuve y no dejaré de estar; no existe forma de negarse el cielo al sol, el pasto al carnero y, menos aún, negarle la fragancia más dulce que existe en este prado: el aroma que sale de tu cuerpo cuando se bate en guerra. No quiero causar conflictos bélicos, pero deshechar la moral y la ética por unos instantes nunca ha dejado de ser una opcion...

El sexo es una batalla, el amor es guerra.

¿Wollt ihr in haut und haaren untergehen?
ihr wollt doch auch das blut vom degen lecken...

lunes, 5 de mayo de 2014

El pañuelo de seda

La guerra ya había terminado, no había una sola persona que no tratara de reconstruir su hogar para las predecibles tormentas que se avecinarían sobre la ciudad, ya en el suelo producto de los incesantes bombardeos finales propinados por quienes querían obtener el oro que estaba escondido dentro de las calles adoquinadas del asentamiento, el cual ha sido avaluado no sólo por su valor comercial sino además de su valor arqueológico, pues acá residen muchos de los secretos de la vida, esos mismos que ayudan a las personas a tener un buen pasar y a superar el miedo a la muerte.

Yo tuve la suerte estar viviendo en un lugar apartado de la ciudad, donde no muchas cosas interesantes hay y donde nada trascendente sucede, más que un robo o la caravana de trabajadores que, día a día, salen de sus hogares al sonar la campanilla; pero sí, tengo esposa, una casa enorme donde caben muchas personas, un piano algo sucio pero aún con mucho por entregar, comida y abrigo. Tenía lo suficiente para sobrevivir a la crisis y lo logré, con algunas complicaciones pero supimos mantenernos en el tiempo y resistir las inclemencias mismas de la vida. Incluso mi jardín ya se ve mas alentador, lleno de flores, árboles y la escarcha que empieza a aparecer producto de la venida del invierno.

Tratábamos de volver a nuestras vidas y a la rutina. Todos trataban de concentrar sus energías en reconstruir lo que alguna vez fue esta hermosa ciudad llena de colores, la misma que sucumbió ante esos hombres que peleaban por cosas materiales y no por lo que realmente valía dar sus propias vidas. Escribí unos días, después del cese del fuego, varias cartas a mis familiares y amigos, la cual copié con mis manos muchísimas veces pues es mucha la gente que me preocupaba. Ya con la ciudad algo mas tranquila, me dirigí al correo estatal que estaba en el centro, pues necesitaba saber como estaba mi familia (que vivía en el otro extremo de la región) y qué cosas debía enviarles a toda esa gente que es dueña de mi preocupación.
Noté que aún me quedaba bastante dinero producto de las clases de música que entregué antes de la guerra, así que decidí recorrer los callejones, en búsqueda de algún lugar para comer. Encontré una pequeña cocinería, donde 3 mujeres casadas (sus anillos lo decían) trabajaban para llevar algunas monedas a su hogar. No dudé en comer allí púes los precios eran bastante accesibles, sobre todo tomando en cuenta la situación por la  que estábamos pasando. Compré un periódico para llevárselo a mi compañera, quien a veces cree que exagero las noticias que nos llegan.

Estando cerca de la catedral, me senté en un banco algo doblado y poco cuidado. Realmente, sí que habían sobrevivido muchísimas personas a la guerra y todos trataban de hacer algo para poder salir adelante. Me enfoqué en leer el periódico rápidamente pues pasaba mucha gente haciendo cosas diferentes por la calle, situación que me llamó la atención inmediatamente cuando me alerté sobre esto.. Entre todas esas almas sobrevivientes a la devastación, una chica joven y sutil se cruzó en mi mirada y pareciese como si había perdido todo lo que tenía. Le dirigí la palabra y le pregunté que problema tenía. Como ya es de costumbre, mis sospechas no erraron: había perdido su acogedora morada, su amplia familia y al joven que un par de años atrás la dejó y que partió a defender a los suyos con un rifle y la necesidad de cuidar y dar la vida por quienes lo rodeaban. Sí, ya no le quedaba absolutamente algo de todo lo que alguna vez fue su felicidad, a excepción de lo sublime de su belleza, un vestido blanco muy largo lleno de polvo, y su aguda mirada que gritaba por devolver el tiempo atrás. Su pelo negro estaba decorado con una cinta (de un genero parecido al de un pañuelo de seda) y ella no solía mirar mucho a los ojos mientras yo trataba de entender su situación.

Ella estaba desesperada y quería, al menos, volver a sentir la dicha de vivir. Le dije que me esperara en ese lugar hasta la tarde, pues tenía aun que enviar algunos sobres y tenía algo en mente.
Me apresuré lo más rápido posible en hacer mis trámites y llegar a casa, para hablar con mi compañera acerca de la pobre niña (y de nuestros familiares, claro).
Ya estaba por esconderse el sol detrás de ese gigantesco muro, pero logré llegar al centro en una carreta pública y, ante mi dudosa credibilidad, esta joven permaneció en este lugar. Le dí un bolso con algo de comida, muchos clavos y dos martillos, además de una chaqueta que mi mujer no usaba. Ella notó que mis manos estaban manchadas con tinta y usó un pañuelo tan suave como las estrellas para limpiarme la suciedad de mi instrumento de trabajo. Quedé levemente asombrado, pues ella me agradeció haber vuelto. Le pedí que me llevara donde estaba su antiguo hogar y caminamos varios metros hasta que llegamos a un sitio lleno de escombros, pero con la carcaza de lo que alguna vez fue el envase de su felicidad.
Un foco se prendió e iluminó todo el sector. Ahí entonces fue cuando decidí tratar de ayudarla en su cometido: tomé unas tablas que estaban algo empolvadas, las limpié y le pedí el bolso. En un abrir y cerrar de ojos, y ya saliendo el sol entre las amenazantes nubes, había un lugar donde ella podría descansar y refugiarse del frío y el aguacero, un lugar donde ya estaría a salvo y comenzar su nueva vida. Le pedí que no me diera las gracias, pues era común en mi poder tender una mano a quien lo necesitara. Aún así, ella tomo de entre sus ropas, el pañuelo con que me había aseado las manos y me pidió que lo abriera al salir el sol nuevamente después de la tormenta.

Me despedí amablemente y le regale uno de los sobres que había escrito para uno de mis familiares pues, con mi domicilio escrito en el reverso, era la única forma en que ella supiera encontrarme entre todo el caos de la reconstrucción. Tomé un carro antes de que la lluvia se dispusiera a limpiar el polvo de los edificios y los escombros, mas le pedí al cochero que no apurara el paso.
Llegué a mi hogar, y mi compañera agradeció mi gesto. Según ella, son esos detalles los que hace que yo siga siendo un hombre correcto, aunque para mi, es algo natural que todos deberiamos poder hacer.

Me senté en el piano que estaba en el salón principal cuando encontré mi bolso. Había olvidado el pañuelo de la señorita y lo dispuse a abrir apenas el sol tocase la nota principal del piano. Jamás en mi vida había visto una magia tan bonita como aquella: una hermosa melodía estaba escrita en el pañuelo e hizo sonar el Mi bemol, la misma melodía que usé en la última pieza musical que compuse sobre la guerra y la misma que me recuerda que, ahora, esa joven es una mujer exitosa y llena de vitalidad, así como ella comprendió inmediatamente las intenciones de los sobres que entregué. No es fácil a veces ganarse el cariño de otros o viceversa, pero ya descubrí que la amabilidad es una gran herramienta para encontrar a las personas que nos tenderán sus manos siempre que lo necesitemos.



sábado, 26 de abril de 2014

Maldita realidad


En un abrir y cerrar de ojos tuve la sensación mas hermosa del mundo y que jamás nadie podrá entenderla hasta sentirlo tal cual yo lo sentí.
Estoy seguro de que no fue un sueño, fue un mensaje, quizás una palabrita de aliento, quizás un "oye, espérame que ya estaremos juntos pronto", quizás solo una señal de que mi mente me hace las jugarretas mas asquerosas posibles y le gusta hacer ruletas rusas con mis sentimientos.
Era como si nada hubiese sucedido, y tus manos estaban cálidas como el rayo del sol en pleno otoño, ese que aún abriga, como tus abrazos, como tu ánimo y tus sabias palabras.
Me invitabas a seguir adelante, a aprender cosas nuevas, a darle sentido a mi vida aunque tu no pudieses ser parte de muchas cosas importantes que viví, vivo ahora y que probablemente me toque atravesar en algunos años más. Manejábamos juntos una camioneta que era tan cómoda como nuestras ininterminables conversaciones que a veces tenemos y que, si no fuese por el tiempo o los ánimos, podrían nunca terminar.
Te sentías tan bien que irradiabas una felicidad increíble, tanto que llegaba a ser muy real todo y no tenía intención alguna de despertar; rompiste en una millonésima de vida lo que divide a los sueños de la verdad...

Será difícil esta vez hacerlo todo bien, con la misma intensidad y pasión con la que trato de hacer mi día a día y romper mis esquemas siempre. Ya no estarás ahí, como si nada hubiese sucedido y todo siguiera el curso más normal de la vida que todos conocemos.
Será difícil esta vez recordar que los sueños son sólo eso y que sólo me queda vivir la realidad.

jueves, 24 de abril de 2014

Frostburied In the mountains of Winterdoom

Conquering all the stars in the solarfalls
Standing through the majestic of the blizzards
Blasting the silenced corners of the unfleshed
Just take my grimmy souls to the edge
As the warriors take advantage at the battlefield
There's no place in the earth for us
No place for the chillin' rotten hands that beholds you
No place in the northern skies for us
Just kill me and left me die here
Rest forever in the Blashyrk's wounded hands
frostburied in the mountain of winterdoom.

lunes, 14 de abril de 2014

Autumn rises!!!

Ya cayó la primera pestaña ocre de la temporada, y así como ella tiene su deceso, a mi mente vienen a nacer recuerdos de tu inmunda compañía. Esas veladas estúpidas llenas de cigarros, agua de la llave y un frío silencio entre nuestros ojos. Veo la luna in crescendo nuevamente, como aquel Octubre de nuestra juventud, cuando tus ojos decidieron salir de su tumba e invitarme a bailar la Danse Macabre en tus párpados... La lluvia fina, la lluvia que no me dejaba avanzar en mi carroza llena de baluartes... ¡Todo se detuvo una misera corchea de nuestro prestissimo tiempo!



Sí, me tientas fervorosamente a convertirme en tu esclavo otra vez, en un lobo sucio y harapiento, en ser un holgazán de tu amor táctil y tus mordidas de súcubo infantil, de mendigar tus besos hasta el hastío de mi ropa interior. Voy a romper tus ropas esta vez, mas no será con mis manos sino con las afiladas garras de la libido que me haces sentir, la potencia misma de la juventud del zorro, el Triumpho iuventute del Canis lupus. No eres la abuelita a la que debo perseguir y devorarme de un bocado, no eres más que la caperucita disfrazada de la luna, pura y solemne, blanca y divina por sobre todos nosotros, sublimando tu hipócrita compostura fingiendo que sales de noche sólo para buscar algo de paz... 
Todos sabemos que no es sino la luna, brillante en el cielo, la que busca al lupus para, al menos, hacerle perder el control de su cuchillada una vez al mes...Y si la Luna es roja en esta maratónica jornada color ocre, no es más que el desborde de Majesté Caperucita por ser secuestrada...






Francesco Petrarca


La vida huye sin frenar su apuro,
la muerte viene a paso apresurado,
y todo lo presente y lo pasado
me hace guerra, y aun todo lo futuro.
Y de esperar y recordar abjuro,
pues tal me son pasado y esperado,
que no habiéndome yo de mí apiadado,
me habría de ambos puesto ya a seguro.
Traigo a memoria alguna cosa amiga
(si alguna vez la tuve y se me acuerda)
y veo el viento al navegar turbado;
veo en tormenta el puerto, y con fatiga
mi timonel, y rotos palo y cuerda,
y el faro que mi lumbre fue, apagado.


*Francesco Petrarca - "Rerum Vulgarium Fragmenta", Soneto 272



miércoles, 9 de abril de 2014

Sonata para hombre solitario en Rem


Llevo cerca de 1 año tratando de terminar una obra extensa, llena de matices, músicas "distintas" y otros elementos para-musicales que, paradojalmente, intervienen irremediablemente en la construcción musicológica de mi sonata.
Es la música más pura, sin intenciones políticas ni sociales, solo viscerales, que contestan inequívocamente a las sensaciones mas naturales de un ser humano durante su vida.
¿Y no es acaso la música la representación máxima de la emoción y la afectividad del ser humano? Expresa rabia, ira, sexualidad, irascibilidad, paz, plenitud, una coda perfecta para cerrar con broche de oro el catarsis hormonal. Seguro Beethoven o Schumann entendieron esto a la perfección y toda su música cae en los recovecos de todo lo que le quisieron hacer a sus musas inspiradoras o la pasión misma de ser padres y dejar un legado en este anárquico mundo. Tan ilegible y transgresora como un rostro azotado contra una roca; tan sublime como la asunción del alma del Buddha supremo; tan exaltante como un beso en la adolescencia...
Yo voy a lo mismo ahora, con mi pluma en mano, trazandome mil y un líneas esperando a que aquella voz (que es tan dulce e inconfundible para mis mas perceptibles oídos) cante con su mano cada una de las notas que en mi cuerpo yacen quemadas con la misma pasión que siento al tocar los compases iniciales de ésta, ahora, mi Tempestad.


martes, 8 de abril de 2014

Nieve

Cogí mi chaqueta y salí a buscar algo de leña para la dura jornada del día. Los lugareños decían que nevaría mucho más que durante estos últimos días y así fue: nunca había visto caer tanta nieve en tan poco tiempo. Fue suerte que tenía una chaqueta y algo más de ropa para soportar el frío avasallador que inunda lentamente cada rincón de está ciudad. El mango del hacha estaba algo astillado, pero mis manos gélidas y casi cristalizadas rechazaban cualquier signo de dolor; estaban oscuras producto del frío y las pequeñas quemaduras en mis dedos sólo sugerían que debía pronto volver a casa y entibiar este sucio y deshecho cuerpo. 

En mi casa, salvo un montón de platos sucios y un trío de aves que siempre se resguardan entre las maderas, no hay nadie ni nada más que yo. A veces recibo a unas pocas personas que se pierden en el bosque y ayudo a que recuperen su rumbo, así como el padre Tiempo y la condesa de los hielos vienen a mi morada sólo para recordarme de lo que no fui capaz de concluir en mi pasado y que en algun momento tendré que enfrentarme a lo que nunca quise hacer.

Mientras Don Segundos y la Dama Fría conversaban sobre mi situación,  ayer el péndulo del reloj asintió con la cabeza mientras nos decía:
- El destino siempre se encarga de hacer que las personas se limpien el espíritu. Mira a tu alrededor y lee tu entorno, date cuenta de porqué están pasando las cosas...


¡Cuanta razón tenía el maldito péndulo!
Es como si este desgraciado perfecto e imperecedero hubiese calculado mi accionar durante todos estos años y me estuviera recriminando sutilmente mi innegable cobardía por aquellos entonces. Sin duda, nunca vi tan lejos la oportunidad de encontrar nuevamente el cielo. En ese momento, la Condesa me invitó a tomar su mano y sentir una ventisca tan fría como la muerte misma, fue entonces allí donde me di cuenta que algo debía hacer por mi paupérrima situación.

Cogí entonces mi chaqueta, mi hacha y al abrir la puerta, recordé que había una carta que nunca quise enviar a mi reina del invierno, esa misma a quién no me decidí afrontar cuando era joven y que me hacía sentir en el
mismísimo cielo. 
Han pasado los años desde esas fuertes emociones y no sé como resultará mi intento por ganar la batalla al cielo, sólo sé que dentro de mi las esperanzas nunca desaparecieron y que sólo necesito sentir esa brisa cálida de su boca y un ademán gracioso en mi espalda de sus manos blancas como la nieve. Sí, la misma nieve que me rodeó durante largos años de soledad. La misma armadura helada que ella tenía y que la arpía de la incertidumbre no dejó que derritiera esa coraza de cristal.

Espero que ustedes también deseen que con el calor de mis brazos pueda derretir ese gigantesco ataúd de hielo que conservó la felicidad intacta para mi, para ella, por nosotros y el cielo que nos espera brillando en la inmensidad y la gloria de lo eterno.

Espero que ella siga allí esperando a que, juntos, encontremos nuestro viaje al lugar más puro del universo.


martes, 1 de abril de 2014

Trenes

Lo único que el músico quería en ese momento no era más que levantarla lo más alto posible,  tomandola por la cintura, y que viera todo a su alrededor: los trenes, el humo, los edificios aledaños a la estación, el caballero que era él y toda la gente que rondaba en el andén.
Había mucha niebla en el ambiente producto de la leña húmeda que utilizó el tren que acababa de llegar a la estación, casi no se podía ver al siguiente pilar y mis zapatos habian perdido su brillo producto del hollín del lugar. Con mi mano escríbi en uno de esos pilares:


"Es hora de partir pero ésta siempre será la estación..."

Así fue como me despedí de aquel rostro blanco, pálido como la nieve, con un beso en la frente y un abrazo tan doloroso como el pecho del ruiseñor en la rosa. Sus ojos no lloraban pues ella sabía que volveríamos a vernos alguna vez, aún así, el hecho de posponer lo que queríamos hacer con nuestras vidas indudablemente nos producía algo de nostalgia. Ya no habrían inviernos eternos admirando el río y los arboles que cambiaban de color y adelgazaban, ya no habrían más tazas de té sin azúcar y pan con mermeladas. Sólo seríamos yo y el tren, el viaje eterno hacia otro rumbo, a un lugar que no conocía  y que no conozco del todo. Pero, ¿no era sino nuestro destino?

Fue un largo viaje a fin de cuentas; tuve que aprender a caminar de nuevo, a reír y a llorar de nuevo, a comer , a leer y tocar música en otro instrumento, tuve que aprender a amar de nuevo...
Y volví, sí, volví a la estación que ya no estaba ahí sino en lo mas oculto de mis recuerdos, ya no habían trenes, ni hollín, ni niebla ni suciedad, ni gente ni andenes ni nadie, ni siquiera tú.
Dios sabía que todo debía desaparecer, transmutar, cambiar porque la vida cambia, avanza, recorre sin avisar y prever que habrá delante, como el tren en el túnel, como el trén en el oceano, como la manivela que gira y la caldera que arde sin saber hasta que punto arderá...

Nunca más supe de ti, hasta ahora... no fue fácil saber que, al tomar tu mano por accidente, ibas a estar mucho más cerca de lo que Dios quiso.
Ahora sólo el reloj dirá si el viaje en el tren 39 ha llegado a su destino final.-




domingo, 12 de enero de 2014

Blurry Lights


Siempre recuerdo estas melodías que causan algo de incertidumbre y felicidad a la vez. Y es que la música que sólo es música, donde no hay voces que nos predispongan a entenderla de ciertas maneras, es la más pura y clara evidencia de que nuestra mente es maravillosa y que no hay límites en todo lo que nuestros sueños construyen en el día a día.
Hoy como nunca miré la luna, acaricié las estrellas con un fragmento de alma y escuche una risa melódica inconfundible que salió de mis entrañas. Ahí estabas otra vez, tomandome la mano y llevandome a un lugar donde no hay nada mas que polvo estelar y galaxias pereciendo ante el poder del padre tiempo, ese mismo lugar donde las desiluciones, los engaños, la enajenación misma provocada por el egoísmo y la propia incomprensión del sentido del resto en nuestras vidas, ese lugar donde todos los problemas son tan pequeños que no tienen relevancia alguna en el existir.Y ahí fue donde me di cuenta que soy mucho más humano de lo que me gustaría ser: no puedo ser rencoroso y tengo una facilidad para creer que en las personas hay algo mucho mejor de lo que ya entregan, así como reconozco que no puedo enojarme durante mucho tiempo con alguien y caigo innegablemente en el flagelo de perdonar y querer más que antes a alguien o algo.

Despues de todo, ¿no es sólo el amor que recibimos y entregamos el combustible de la vida y el único recuerdo que nos llevamos a las estrellas?
Seremos seres de luz siempre que haya alguien mas que nos haga brillar o a quien queramos irradiarle toda nuestra fluorescencia aún si no recibimos un destello de regreso...