Lo único que el músico quería en ese momento no era más que levantarla lo más alto posible, tomandola por la cintura, y que viera todo a su alrededor: los trenes, el humo, los edificios aledaños a la estación, el caballero que era él y toda la gente que rondaba en el andén.
Había mucha niebla en el ambiente producto de la leña húmeda que utilizó el tren que acababa de llegar a la estación, casi no se podía ver al siguiente pilar y mis zapatos habian perdido su brillo producto del hollín del lugar. Con mi mano escríbi en uno de esos pilares:
Había mucha niebla en el ambiente producto de la leña húmeda que utilizó el tren que acababa de llegar a la estación, casi no se podía ver al siguiente pilar y mis zapatos habian perdido su brillo producto del hollín del lugar. Con mi mano escríbi en uno de esos pilares:
"Es hora de partir pero ésta siempre será la estación..."
Así fue como me despedí de aquel rostro blanco, pálido como la nieve, con un beso en la frente y un abrazo tan doloroso como el pecho del ruiseñor en la rosa. Sus ojos no lloraban pues ella sabía que volveríamos a vernos alguna vez, aún así, el hecho de posponer lo que queríamos hacer con nuestras vidas indudablemente nos producía algo de nostalgia. Ya no habrían inviernos eternos admirando el río y los arboles que cambiaban de color y adelgazaban, ya no habrían más tazas de té sin azúcar y pan con mermeladas. Sólo seríamos yo y el tren, el viaje eterno hacia otro rumbo, a un lugar que no conocía y que no conozco del todo. Pero, ¿no era sino nuestro destino?
Fue un largo viaje a fin de cuentas; tuve que aprender a caminar de nuevo, a reír y a llorar de nuevo, a comer , a leer y tocar música en otro instrumento, tuve que aprender a amar de nuevo...
Y volví, sí, volví a la estación que ya no estaba ahí sino en lo mas oculto de mis recuerdos, ya no habían trenes, ni hollín, ni niebla ni suciedad, ni gente ni andenes ni nadie, ni siquiera tú.
Dios sabía que todo debía desaparecer, transmutar, cambiar porque la vida cambia, avanza, recorre sin avisar y prever que habrá delante, como el tren en el túnel, como el trén en el oceano, como la manivela que gira y la caldera que arde sin saber hasta que punto arderá...
Nunca más supe de ti, hasta ahora... no fue fácil saber que, al tomar tu mano por accidente, ibas a estar mucho más cerca de lo que Dios quiso.
Ahora sólo el reloj dirá si el viaje en el tren 39 ha llegado a su destino final.-
Fue un largo viaje a fin de cuentas; tuve que aprender a caminar de nuevo, a reír y a llorar de nuevo, a comer , a leer y tocar música en otro instrumento, tuve que aprender a amar de nuevo...
Y volví, sí, volví a la estación que ya no estaba ahí sino en lo mas oculto de mis recuerdos, ya no habían trenes, ni hollín, ni niebla ni suciedad, ni gente ni andenes ni nadie, ni siquiera tú.
Dios sabía que todo debía desaparecer, transmutar, cambiar porque la vida cambia, avanza, recorre sin avisar y prever que habrá delante, como el tren en el túnel, como el trén en el oceano, como la manivela que gira y la caldera que arde sin saber hasta que punto arderá...
Nunca más supe de ti, hasta ahora... no fue fácil saber que, al tomar tu mano por accidente, ibas a estar mucho más cerca de lo que Dios quiso.
Ahora sólo el reloj dirá si el viaje en el tren 39 ha llegado a su destino final.-
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