Sí, me tientas fervorosamente a convertirme en tu esclavo otra vez, en un lobo sucio y harapiento, en ser un holgazán de tu amor táctil y tus mordidas de súcubo infantil, de mendigar tus besos hasta el hastío de mi ropa interior. Voy a romper tus ropas esta vez, mas no será con mis manos sino con las afiladas garras de la libido que me haces sentir, la potencia misma de la juventud del zorro, el Triumpho iuventute del Canis lupus. No eres la abuelita a la que debo perseguir y devorarme de un bocado, no eres más que la caperucita disfrazada de la luna, pura y solemne, blanca y divina por sobre todos nosotros, sublimando tu hipócrita compostura fingiendo que sales de noche sólo para buscar algo de paz...
Todos sabemos que no es sino la luna, brillante en el cielo, la que busca al lupus para, al menos, hacerle perder el control de su cuchillada una vez al mes...Y si la Luna es roja en esta maratónica jornada color ocre, no es más que el desborde de Majesté Caperucita por ser secuestrada...
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