sábado, 24 de mayo de 2014

Sin título

He aquí la historia de un joven que, por castigo divino y según cuenta el mito, fue condenado a no poder estar con su anhelada compañera nunca jamás o hasta que los dioses dejasen de existir.
Verbrennung era un joven cualquiera, con aficiones, sueños, amigos, metas por cumplir, una joven vida de 25 años, un macho vigoroso, de mediana estatura pero de corazón pleno y siempre desarraigado de su propio bienestar para darle lo mejor de sí a la gente que lo rodeaba. Se caracterizaba por tener una larga cabellera blanca (herencia irrevocable de su padre), algo de barba y unos bigotes dibujados con el tronco de un árbol (sí, de esos bigotes que crecen hacia todos lados). No usaba más que harapos y piezas de metal, le importaba poco y nada el como se vestía pues, según él, la gente de su pueblo y los otros más cercanas se podrían vestir con lino y oro y seguirían apestando. Traía siempre consigo una cadena, una daga y algo de marihuana medianamente fresca para calmar sus ansiedades, las que surgían inexplicablemente durante todos los viajes que solía hacer y que solían atraparlo en largas reflexiones durante el día.
Trabajaba como leñador y cazador junto a sus hermanos, tratando de sobrevivir en un mundo asediado por la sequía y las guerras.
Verbrennug siempre fue de muchas amistades, un tipo bastante conocido en varios lugares (gustaba del viajar y conocer, solo o acompañado) y que solía frecuentar de vez en cuando a sus amigos más cercanos para compartir la dicha de estar vivo y, aprovechando las situaciones, ver si necesitaban ayuda con las labores que el podía realizar.

Así fue como, en un pasar de años, él conoció a una de las niñas más tiernas y queridas de su pueblo. Una joven alta (más que el al menos), de tes clara y de pelo negro, con unas manos delicadas y pequeñas como una semilla y con una voz inconfundible. Sin más preámbulos, se decidió a invitarla a tomar un paseo entre los cerros que rodeaban al pueblo y su petición no fue negada. Nargasaʾ era una mujer de buena familia, de mejor situación económica que la de Verbrennug pero eso no era problema para la joven ni para sus padres sino más bien, alababan que la inquieta joven pudiese compartir momentos gratos con un hombre humilde, de economía estable y de amplia cultura (Verbrennug sabía mucho de muchas cosas), pero por sobre todas las cosas, tan sincero y amable como sus amigos podían recomendarlo.
Empezaron entonces a tener una relación de complicidad, de amor, mucha ternura y planes a futuro (de esos que la gente aun hace cuando de enamora), algo que con el pasar del tiempo era mucho más cercano y fértil; Verbrennug ganaba ahora más dinero del habitual y Nargasa' ayudaba a su hombre con los quehaceres de la sobrevivencia: lo ayudaba a cortar leños, aprendió de caza y su destreza con las espadas fue como ninguna mujer pudo hacerlo alguna vez.
Estaban decididos y destinados a estar juntos por siempre, trabajando día a día por un mejor pasar en el mundo terrenal, pero acá ya es donde los dioses deciden intervenir puesto que, entre todas las profecías escritas, habidas y por haber, ninguna dictaba que ellos se inmortalizarían juntos.

El Dios más grande en la cultura de nuestros jóvenes quiso castigar a Verbrennug por su insolencia ante el destino,por lo que, para dar un castigo ejemplar a él y todos los humanos, convirtió los brazos del joven en dos rafagás de viento muy frío para que no pudiese cortar leña, ni cazar ni abrazar a Nargasa. Ante este castigo, Nargasa' quiso sacrificarse y decidió de por vida dedicarse a atender al joven en lo que el necesitara. Semanas más tarde, encolerizado por la desfachatez de la mujer, el Dios Supremo quiso revertir la situación y le privó de los ojos y los labios a Verbrennug, convirtiéndolos en piedras y espinas, respectivamente. "¡Por fin habrán de entender que el destino lo firmamos nosotros!" señalaba la deidad, sumida en su omnipresencia . Sin embargo, la joven no lo abandonó y procuro velar por su vida inclusive teniendo que ofrecer su vida a los dioses.
Ante tal gesto de amor, una horda de sirvientes apareció en la puerta del pequeño hogar de los héroes, en caballerías aladas y con armaduras tan brillantes como cuando el sol alumbra en el norte. Un noble caballero, de voz suave y penetrante abrió la puerta de entrada y se dirigió a ellos: "Nosotros perdonamos esta grave falta al destino, pues, aunque ya sólo queden restos del cuerpo de ti,sabremos que ella siempre te acompañará. Ella no es con quién debes alcanzar la inmortalidad, sino más bien la mujer que vive lejos de acá, esa misma a la que alguna vez conquistaste siendo sólo tu y nadie más que tú".
Sorprendido ante esta situacion, Verbrennug le pidió al brillante caballero un momento a solas, afuera, donde caía la nieve y mientras el brillo del jinete iluminaba todo el sector, cual aurora boreal dignifica las noches maravillosas de la gélida estación. Abriendo las espinas de sus labios, Verbrennug trató de respirar profundo, sus espinas se abrieron y logró sentenciar:

"Yo esperé durante todos estos años a esa joven de la que hablas, cálida y celestial, una flor que nace en invierno y que nunca deja de brillar. La misma mujer a la que socorrí en mi pasado y que se ha ganado mi amor eterno de alguna forma bien especial. Pero, mi querido amigo, aún sigo esperando la señal que me haga sentir que debo tomar el primer caballo que encuentre y partir. Todos los días suceden y cada gesto que hay en mi vida es un reflejo de lo que siempre pudimos construir con la mujer de la que me hablas. Han sido años muy fríos, llenos de soledad y angustia, pero Nargasa' ha sabido cuidar de mí como nunca nadie lo hubiese hecho. ¿No sería entonces una locura tomar mi rumbo hacia el norte y dejar todo lo que me han entregado acá? No puedo dejar a esta bella mujer sola, pues no hay nadie que pueda tomar mi lugar, cuidarla como nunca lo supe hacer y entregarle su vida como ofrenda."

Con el caballero reluciente deslumbrado ante la situación, el mas grande de los dioses apareció en forma de pripkake, el más colorido y despampanante que alguna vez alguien haya visto.
Lentamente empezó a derretirse y, mientras tal hecho sucedía, sonaba una voz muy dulce, como si un ángel tocara la melodía más hermosa del universo. Se escuchaba muy tenue pero claro:

"¿Y así que has de desafiarme? Bueno, tendré que hacerles entender que los sacrificios valen la pena cuando son con verdaderas intenciones. No hiciste caso a mi llamado ni a tu profecía, no quisiste perder el miedo de no encontrar nada si es que salías de tu hogar e ibas en búsqueda de tu ninfa. El miedo fue mi mayor señal y tu no supiste jamás superarlo. Aprenderás ahora que deberás perder el miedo siempre, pues si la gloria de la inmortalidad quieres alcanzar, deberás sacrificarlo todo por la más noble de las intenciones: tu hogar será por siempre un castillo de hielo que no entumezca la carne y tu mujer concebirá a una hermosa criatura, idéntica a la mujer que no quisiste rescatar de su angustia, con su misma cabellera, sus manos, los mismos pies pequeños que delatan su refinada alma, esos ojos claros como el hielo en el que me he convertido ahora y con la misma voz dulce que estoy entonando, los únicos recuerdos que tendrás de ella. ¡Y a tí te tocará mucho más! Te privo eternamente la capacidad de llorar y expresar tu pena, pues has derrochado tus emociones y ya no mereces tan preciada habilidad..."

Y el ente se derritió completamente, dejando el sabor más dulce en el agua que nunca pudo haber sobre esas tierras...


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