"En un delicado ademán incontrolable, tu cuerpo me cubrió tal como las nubes juegan con
la Tierra: graciosas, sutiles, armónicas. Recorriste mi cuello como
la serpiente al árbol y dejaste caer todas las hojas secas para que
pudiera brotar la nueva rama que yace en mis ambas manos. Renovaste la sensación necesaria de
libertad y me hiciste sentir que decidía, como si fuese la primera vez.
Hoy
decidí fundir nuestros labios en uno, decidí juntar mi mano con la
tuya, decidí robar en cada átomo de la piel tu gama aromática, decidí hacer nuestros los roces corpóreos entre nuestras carnes y gritos, decidí incrustar en mi retina cada cuadro que hemos pintado así como apoderarme de los tuyos, decidí grabar para siempre tus conciertos con esa tesitura inámovible de
contralto y tus quintas paralelas en mis tímpanos, decidi hacer mios tus agujeros y tus dolores porque si se comparten reducimos su potencia y profundidad, decidí esperar la solución justa al tiempo
justo... Es el advenimiento de lo inevitable, lo sensorialmente ineludible y lo inciertamente correcto: no nacimos el uno para el otro ni llegamos en el momento preciso del universo que nos rodea y que nos impera, pero Gaia es tan sabia que sabrá hacer de los minutos valgan horas y los días semanas. Es la medida justa para que no te arranques de mi tosca humanidad; la medida justa para que mi aliento se vuelva brisa gélida, la medida justa para saciar mi hambre de tu fragancia y tu saliva, la medida justa para que tus ojos se vuelvan la luz de mi propio Valhalla, aunque sea por una sola vez más."
No hay comentarios.:
Publicar un comentario