jueves, 5 de septiembre de 2013

 "Quién iba  a pensar que, dentro de tanto fuego, gritos de desesperación, ladridos y demonios, el lobo estepario fue capaz de encontrar la calma, rodeado por un silencio absorto que redujo toda la ira y la fuerza a un montón de cenizas. Fue domesticado sin cadenas, sin violencia; sólo necesitaba algo de tibieza y comprensión.
Lástima que la loba blanca se fue con el Invierno, porque él sigue esperandola en la misma roca, sentado viendo como el mundo florece, intentando sentir otra vez la tibieza en su maltratado pelaje"

«Historias inexistentes para hombres prescindibles», cap. III-B


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