sábado, 7 de septiembre de 2013

Ist krieg

Mientras escuchaba una estrepitosa música con contenido no muy ortodóxo, me encontré acostado, con mi pelo rozando el piso y mi cabeza excedida por los cariños de unas piernas que solían ser ajenas. No hay mentiras, no hay engaños, solo un montón de incoherencias no tan ilógicas que ensalzan la vida como si nada importase más que disfrutar los momentos, y es que lo que experimentamos son momentos y cada quien toma lo mejor de cada segundo de tales instancias.
La vida es así, de giros y de cambios, de buscar sensaciones y excentricidades, de buscar complementos o simplemente pasarlo bien y aprender del resto. La verdad, no hay nada más gratificante que sentir la energía de la juventud rebozando mis venas y dejando que la sangre fluya cual ráfaga de viento en Invierno, haciendo que el corazón se detenga un mílisegundo, por el mismo impacto de sentir como se queman mis hormonas, Heme aquí en un día del agonizante invierno, rendido ante los maleficios blasfemos de tus labios, no buscando respuestas sino complicidad, esa misma complicidad que hace sentir que todos los días hay motivos para levantarse y sonreirle al puto día que se avecina, que quizás sea el último pero tu calor me hace evitar pensar en ello..
La vida es un asco y lo será siempre, pero al menos cuando cantamos con los cuerpos y no con nuestras a veces innecesarias voces, siento que todo deja de ser asqueroso, al menos por un rato.

"Dejé por fin de ser borrego y me he convertido en el carnero que solía ser; la vida ha vuelto a ser vida. El fuego manda y me agrada la idea de tentar a la profesa una y otra vez a perder el control y quemarse a lo bonzo."

«Historias inexistentes para hombres prescindibles», cap. VI



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