martes, 29 de octubre de 2013

La balsa

Desde hace ya un tiempo que tu voz no se escucha en esta casa, no se escuchan tus sustos de monstruo ni tu risa inconfundible. Durante este mismo tiempo creí que habia olvidado completamente tu timbre particular (por cierto muy parecido al mío y al de mis hermanos), ese mismo timbre que sonaba cuando cantabas alguna rola de The Beatles o de Los Gatos. Y heme aquí, tratando de cantar con el mismo ímpetu esas canciones pegajosas que vendrían a ser el prólogo de la música que me llevo este camino a escuchar años más tarde, la misma música que hoy me apasiona, que estudio, que intento comprender desde las mil y un aristas de la vida.


11 años es mucho, como también dicen que es nada. Pero según la numerología, el 11 es un numero bastante importante pues está cargado de fuerza, compromiso, responsabilidad y, sobretodo, predisposición con el resto de las personas que componen nuestro día
¿Qué cosas pasan cuando uno cumple 11 años? Ya dominas la bicicleta, puedes jugar mejor a la pelota, puedes empezar a tocar un instrumento, asi como los juegos de niño dejan de ser entretenidos y se abre una gran puerta a un mundo gigantezco llamado juventud.
Estos mismos 11 años que han pasado no han sido perdidos sin tu presencia, de hecho, me han hecho crecer cada día al punto de sentirme orgulloso de mis propios méritos y saber que, hasta el día de hoy, sigo aprendiendo mucho de tus enseñanzas y de tus aventuras. Son muchísimos los recuerdos que aparecen cual diapositiva frente a mi, incluso aquellos que no sabía de ti hasta hace unos años (y algunos hace algunos meses).

La vida está loca, como todos nosotros, pero estamos donde estamos parados gracias a nuestro pasado y, en caso de no entenderse, agradezco muchísimo que hayas sido parte fundamental en mi auto-descubrimiento y ayudarme de manera inconsciente e irracional a probarme cada día frente a mis metas, a tomarle el gusto a algunas actividades así como también he aprendido a decir que no a muchísimas otras (y a negar a las personas, claro). He vuelto a escribir muchísimamente (se nota si miran bajo esta entrada), estoy tocando instrumentos llamativos a mis oídos, me siento a ver las noticias y leo el diario para mantenerme informado de lo que suceda en este asqueroso mundo manoseado por el egoísmo y la individualidad. ¡Hasta más sensato estoy!
Sí, creo que estoy siendo más humano que nunca ahora, pues tomo el peso a mis palabras y mis actos, esa misma responsabilidad que de chiquito tu y mi vieja trataron de inculcarnos y que ha tenido muy buenos frutos, sobre todo en el tema interpersonal.

De la misma manera, creo que ya no soy más el hijo de Carlos Berríos, ahora tengo un nombre propio, un sello que se nota a leguas y que es inconfundible; soy un hombre hecho a mi propia semejanza, único como lo somos todos en este mundo, pero que siempre tendrá una pincelada de todas las personas que dejan huellas imborrables en su vida. ¿Y acaso la vida no se trata de eso, de impregnarse y aprender lo más que podamos de todo y todos?
El tiempo seguirá pasando, serán 12, 15, 20, 30 y cientos de años, pero hay algo que no cambiará y es que, a pesar de todos los errores que todos cometemos, la imagen que tengo de ti es clara y estoy más que seguro que fuiste el mejor padre que podía haber tenido.

Por ahora, sólo espero que el tiempo pase para buscar mis propias maderas, construir una balsa e irme a navegar hacia la locura, cruzar el Aqueronte y encontrarme en algun lugar de este universo con tu pelo blanco, desenfundar esa guitarra que ahora estoy tratando de tocar y cantar mil y un veces los himnos que construyeron tu vida y que me abren la mente hacia todo lo que de tí he podido aprender y conocer dadas las circunstancias del día a día..


Gracias por todo, y gracias por nunca haberte ido completamente, porque hasta la campana nos avisó que estos días eran tuyos, sólo tuyos y para recordarte de la mejor manera que puedo hacerlo: escribiendo y cantandole a la vida con una sonrisa libre como lo es tu alma desde hace 11 años.




1 comentario:

  1. Jamás, olvidaré las leches con chocapic preparadas por el tío Carlos!.

    Y es que los años podrán pasar, y somos varios quienes no lo olvidaremos jamás, y seguiremos aprendiendo de él por medio de las enseñanzas que dejó en cada persona que lo rodeó, y las enseñanzas entregar uds, como familia y como cada uno! (como lo dije anoche).

    ResponderBorrar