miércoles, 23 de octubre de 2013

Paciencia


Caí en mis mentiras, en ese jugoso juego de la efímera realidad de tus palabras ilusas cortopunzantes cual fragmentos de vidrios que recorren el viento a la velocidad de la luz luego de una sucedánea explosión de hipocresía. Todo fue mentira, una mentira sucitada principalmente por el egoísmo imperecedero de tu felicidad exacerbada de apolinias intenciones precipitadas.
Quemaste el cielo, inundaste los desiertos más áridos del planeta, congelaste las flores del invierno como el murmullo del viento del sur cuando arremete contra las hojas de nalca. No era necesario hacer imposibles que sólo iban a causar estragos en la estabilidad de un muro que estaba firme, menos aun era necesario hacerle creer al caballero que su armadura estaba oxidada y frágil.

Todos cometemos errores, pero sabemos que hay errores que se pueden evitar, así como otros que nos cuesta perdonar, incluso expiar nuestras propias culpas de situaciones poco condecorosas que rebajan nuestra ética al último piso del mundo subterráeno. Hitler lo sabía, Buda igual, incluso el César aprendió de sus malas jugadas.
Yo ya tengo mis errores escritos en cada uno de mis azarosos cabellos y, por más que intente cepillarme con un manto de calor entre las ramas, sé que no se alisaran y tomaran su forma natural.
Ya no, porque solo la Paciencia es la única capaz de entregarme la calma necesaria para dejar que la vida avance y sacar lo mejor de mi a flote. Esas mismas sensaciones y emociones que decidiste deshacer como un pintor bota sus cuadros y que algún otro humano es capaz de asombrarse día a día con mis colores.


Paciencia, que la vida es tan efímera como el dolor que alguna vez sentí.
Sölo asciende, alma fértil! No te doblegues ante la crucifixión de la existencia...




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