sábado, 26 de abril de 2014

Maldita realidad


En un abrir y cerrar de ojos tuve la sensación mas hermosa del mundo y que jamás nadie podrá entenderla hasta sentirlo tal cual yo lo sentí.
Estoy seguro de que no fue un sueño, fue un mensaje, quizás una palabrita de aliento, quizás un "oye, espérame que ya estaremos juntos pronto", quizás solo una señal de que mi mente me hace las jugarretas mas asquerosas posibles y le gusta hacer ruletas rusas con mis sentimientos.
Era como si nada hubiese sucedido, y tus manos estaban cálidas como el rayo del sol en pleno otoño, ese que aún abriga, como tus abrazos, como tu ánimo y tus sabias palabras.
Me invitabas a seguir adelante, a aprender cosas nuevas, a darle sentido a mi vida aunque tu no pudieses ser parte de muchas cosas importantes que viví, vivo ahora y que probablemente me toque atravesar en algunos años más. Manejábamos juntos una camioneta que era tan cómoda como nuestras ininterminables conversaciones que a veces tenemos y que, si no fuese por el tiempo o los ánimos, podrían nunca terminar.
Te sentías tan bien que irradiabas una felicidad increíble, tanto que llegaba a ser muy real todo y no tenía intención alguna de despertar; rompiste en una millonésima de vida lo que divide a los sueños de la verdad...

Será difícil esta vez hacerlo todo bien, con la misma intensidad y pasión con la que trato de hacer mi día a día y romper mis esquemas siempre. Ya no estarás ahí, como si nada hubiese sucedido y todo siguiera el curso más normal de la vida que todos conocemos.
Será difícil esta vez recordar que los sueños son sólo eso y que sólo me queda vivir la realidad.

jueves, 24 de abril de 2014

Frostburied In the mountains of Winterdoom

Conquering all the stars in the solarfalls
Standing through the majestic of the blizzards
Blasting the silenced corners of the unfleshed
Just take my grimmy souls to the edge
As the warriors take advantage at the battlefield
There's no place in the earth for us
No place for the chillin' rotten hands that beholds you
No place in the northern skies for us
Just kill me and left me die here
Rest forever in the Blashyrk's wounded hands
frostburied in the mountain of winterdoom.

lunes, 14 de abril de 2014

Autumn rises!!!

Ya cayó la primera pestaña ocre de la temporada, y así como ella tiene su deceso, a mi mente vienen a nacer recuerdos de tu inmunda compañía. Esas veladas estúpidas llenas de cigarros, agua de la llave y un frío silencio entre nuestros ojos. Veo la luna in crescendo nuevamente, como aquel Octubre de nuestra juventud, cuando tus ojos decidieron salir de su tumba e invitarme a bailar la Danse Macabre en tus párpados... La lluvia fina, la lluvia que no me dejaba avanzar en mi carroza llena de baluartes... ¡Todo se detuvo una misera corchea de nuestro prestissimo tiempo!



Sí, me tientas fervorosamente a convertirme en tu esclavo otra vez, en un lobo sucio y harapiento, en ser un holgazán de tu amor táctil y tus mordidas de súcubo infantil, de mendigar tus besos hasta el hastío de mi ropa interior. Voy a romper tus ropas esta vez, mas no será con mis manos sino con las afiladas garras de la libido que me haces sentir, la potencia misma de la juventud del zorro, el Triumpho iuventute del Canis lupus. No eres la abuelita a la que debo perseguir y devorarme de un bocado, no eres más que la caperucita disfrazada de la luna, pura y solemne, blanca y divina por sobre todos nosotros, sublimando tu hipócrita compostura fingiendo que sales de noche sólo para buscar algo de paz... 
Todos sabemos que no es sino la luna, brillante en el cielo, la que busca al lupus para, al menos, hacerle perder el control de su cuchillada una vez al mes...Y si la Luna es roja en esta maratónica jornada color ocre, no es más que el desborde de Majesté Caperucita por ser secuestrada...






Francesco Petrarca


La vida huye sin frenar su apuro,
la muerte viene a paso apresurado,
y todo lo presente y lo pasado
me hace guerra, y aun todo lo futuro.
Y de esperar y recordar abjuro,
pues tal me son pasado y esperado,
que no habiéndome yo de mí apiadado,
me habría de ambos puesto ya a seguro.
Traigo a memoria alguna cosa amiga
(si alguna vez la tuve y se me acuerda)
y veo el viento al navegar turbado;
veo en tormenta el puerto, y con fatiga
mi timonel, y rotos palo y cuerda,
y el faro que mi lumbre fue, apagado.


*Francesco Petrarca - "Rerum Vulgarium Fragmenta", Soneto 272



miércoles, 9 de abril de 2014

Sonata para hombre solitario en Rem


Llevo cerca de 1 año tratando de terminar una obra extensa, llena de matices, músicas "distintas" y otros elementos para-musicales que, paradojalmente, intervienen irremediablemente en la construcción musicológica de mi sonata.
Es la música más pura, sin intenciones políticas ni sociales, solo viscerales, que contestan inequívocamente a las sensaciones mas naturales de un ser humano durante su vida.
¿Y no es acaso la música la representación máxima de la emoción y la afectividad del ser humano? Expresa rabia, ira, sexualidad, irascibilidad, paz, plenitud, una coda perfecta para cerrar con broche de oro el catarsis hormonal. Seguro Beethoven o Schumann entendieron esto a la perfección y toda su música cae en los recovecos de todo lo que le quisieron hacer a sus musas inspiradoras o la pasión misma de ser padres y dejar un legado en este anárquico mundo. Tan ilegible y transgresora como un rostro azotado contra una roca; tan sublime como la asunción del alma del Buddha supremo; tan exaltante como un beso en la adolescencia...
Yo voy a lo mismo ahora, con mi pluma en mano, trazandome mil y un líneas esperando a que aquella voz (que es tan dulce e inconfundible para mis mas perceptibles oídos) cante con su mano cada una de las notas que en mi cuerpo yacen quemadas con la misma pasión que siento al tocar los compases iniciales de ésta, ahora, mi Tempestad.


martes, 8 de abril de 2014

Nieve

Cogí mi chaqueta y salí a buscar algo de leña para la dura jornada del día. Los lugareños decían que nevaría mucho más que durante estos últimos días y así fue: nunca había visto caer tanta nieve en tan poco tiempo. Fue suerte que tenía una chaqueta y algo más de ropa para soportar el frío avasallador que inunda lentamente cada rincón de está ciudad. El mango del hacha estaba algo astillado, pero mis manos gélidas y casi cristalizadas rechazaban cualquier signo de dolor; estaban oscuras producto del frío y las pequeñas quemaduras en mis dedos sólo sugerían que debía pronto volver a casa y entibiar este sucio y deshecho cuerpo. 

En mi casa, salvo un montón de platos sucios y un trío de aves que siempre se resguardan entre las maderas, no hay nadie ni nada más que yo. A veces recibo a unas pocas personas que se pierden en el bosque y ayudo a que recuperen su rumbo, así como el padre Tiempo y la condesa de los hielos vienen a mi morada sólo para recordarme de lo que no fui capaz de concluir en mi pasado y que en algun momento tendré que enfrentarme a lo que nunca quise hacer.

Mientras Don Segundos y la Dama Fría conversaban sobre mi situación,  ayer el péndulo del reloj asintió con la cabeza mientras nos decía:
- El destino siempre se encarga de hacer que las personas se limpien el espíritu. Mira a tu alrededor y lee tu entorno, date cuenta de porqué están pasando las cosas...


¡Cuanta razón tenía el maldito péndulo!
Es como si este desgraciado perfecto e imperecedero hubiese calculado mi accionar durante todos estos años y me estuviera recriminando sutilmente mi innegable cobardía por aquellos entonces. Sin duda, nunca vi tan lejos la oportunidad de encontrar nuevamente el cielo. En ese momento, la Condesa me invitó a tomar su mano y sentir una ventisca tan fría como la muerte misma, fue entonces allí donde me di cuenta que algo debía hacer por mi paupérrima situación.

Cogí entonces mi chaqueta, mi hacha y al abrir la puerta, recordé que había una carta que nunca quise enviar a mi reina del invierno, esa misma a quién no me decidí afrontar cuando era joven y que me hacía sentir en el
mismísimo cielo. 
Han pasado los años desde esas fuertes emociones y no sé como resultará mi intento por ganar la batalla al cielo, sólo sé que dentro de mi las esperanzas nunca desaparecieron y que sólo necesito sentir esa brisa cálida de su boca y un ademán gracioso en mi espalda de sus manos blancas como la nieve. Sí, la misma nieve que me rodeó durante largos años de soledad. La misma armadura helada que ella tenía y que la arpía de la incertidumbre no dejó que derritiera esa coraza de cristal.

Espero que ustedes también deseen que con el calor de mis brazos pueda derretir ese gigantesco ataúd de hielo que conservó la felicidad intacta para mi, para ella, por nosotros y el cielo que nos espera brillando en la inmensidad y la gloria de lo eterno.

Espero que ella siga allí esperando a que, juntos, encontremos nuestro viaje al lugar más puro del universo.


martes, 1 de abril de 2014

Trenes

Lo único que el músico quería en ese momento no era más que levantarla lo más alto posible,  tomandola por la cintura, y que viera todo a su alrededor: los trenes, el humo, los edificios aledaños a la estación, el caballero que era él y toda la gente que rondaba en el andén.
Había mucha niebla en el ambiente producto de la leña húmeda que utilizó el tren que acababa de llegar a la estación, casi no se podía ver al siguiente pilar y mis zapatos habian perdido su brillo producto del hollín del lugar. Con mi mano escríbi en uno de esos pilares:


"Es hora de partir pero ésta siempre será la estación..."

Así fue como me despedí de aquel rostro blanco, pálido como la nieve, con un beso en la frente y un abrazo tan doloroso como el pecho del ruiseñor en la rosa. Sus ojos no lloraban pues ella sabía que volveríamos a vernos alguna vez, aún así, el hecho de posponer lo que queríamos hacer con nuestras vidas indudablemente nos producía algo de nostalgia. Ya no habrían inviernos eternos admirando el río y los arboles que cambiaban de color y adelgazaban, ya no habrían más tazas de té sin azúcar y pan con mermeladas. Sólo seríamos yo y el tren, el viaje eterno hacia otro rumbo, a un lugar que no conocía  y que no conozco del todo. Pero, ¿no era sino nuestro destino?

Fue un largo viaje a fin de cuentas; tuve que aprender a caminar de nuevo, a reír y a llorar de nuevo, a comer , a leer y tocar música en otro instrumento, tuve que aprender a amar de nuevo...
Y volví, sí, volví a la estación que ya no estaba ahí sino en lo mas oculto de mis recuerdos, ya no habían trenes, ni hollín, ni niebla ni suciedad, ni gente ni andenes ni nadie, ni siquiera tú.
Dios sabía que todo debía desaparecer, transmutar, cambiar porque la vida cambia, avanza, recorre sin avisar y prever que habrá delante, como el tren en el túnel, como el trén en el oceano, como la manivela que gira y la caldera que arde sin saber hasta que punto arderá...

Nunca más supe de ti, hasta ahora... no fue fácil saber que, al tomar tu mano por accidente, ibas a estar mucho más cerca de lo que Dios quiso.
Ahora sólo el reloj dirá si el viaje en el tren 39 ha llegado a su destino final.-