Sí, y aunque suene raro, desde que ya no estás en la oficina todo se ha vuelto triste y opaco. Y de nadie es la culpa, sólo es el pedacito de realidad que el cosmos quiere para ambos.
Y todos los días, mientras trato de avanzar en las tareas de la empresa, tu nombre resuena una y otra vez, como si tratara de corromper mi tranquilidad o recordarme que hace ya un buen tiempo nuestra coexistencia se diluyó en el huracán.
Todos los dias seguire esperando a que atravieses ese umbral y sin un gesto de busqueda me digas "disculpame por llegar tarde." Ese es mi gesto de amor mas puro que existe.
Como te extraño, Avellaneda.
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