jueves, 8 de octubre de 2015

Avellaneda


A veces el viento nos recuerda que somos tan sensibles a todo lo que nos rodea que no hay un segundo donde dejemos de sentir algo, sutil o intenso, frío o cálido, imperceptible para quienes no entienden las maravillas menores de todo el ecosistema que los rodea.
Cuando llueve, cuando sale el sol, cuando las nubes hacen del cielo algo misterioso, cuando la noche aplasta salvajemente las luces y la luna se deja caer con su ejercito brillante sobre el lienzo oscuro al que todos volveremos alguna vez. Esa sensación intrínseca de querer conquistar la vida en un segundo y querer un segundo más para vivir nuestras vidas.

Y acá estoy sentado, frente a un gran océano lleno de ilusiones y esperanzas, tratando de encontrar tu mano para caminar juntos hasta hundirnos juntos en el horizonte...
Para mi tu eres y serás siempre Avellaneda, mi Avellaneda.

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