domingo, 19 de abril de 2015

Límites.


Me llegan a doler las rodillas, tiemblo cual niño sale a tocar por primera vez ante un público demoledoramente crítico. Ya había olvidado el sabor del nerviosismo de no saber que será lo que vendrá.
Hay muchas metas puestas y bastante por lo que trabajar, pero eso no es limitante para alguien que, a sus 24 años, ya ha cumplido algunos (banales) sueños de infante.
Mirar hacia adelante y no pensar que en un segundo habría cambiado todo; sólo es tomar un par de buenas decisiones y volar hacia mucho más allá del sol.
El límite es el cielo pero el cielo no conoce de límites.