viernes, 9 de diciembre de 2016

Recordando desde cero [2010]

Me encanta escuchar tu canción una y otra vez, en un loop eterno, buscando acordes inexistentes en algo tan simple y tan sensato que dejé ir.
Trato de comprenderla, quiero emocionarme con cada nota, arpegio y cada acorde, esos mismos que disfrutabas y que te alegraban, los mismos colores con los que comprendías el dolor...
Disfruto de ello cada cierto tiempo y hasta que logro no equivocarme
¿Ves? Logré seguir mi camino, volvi a esa compañía incondicional pero con la música.
Estoy empezando esta aventura psicodélica tan surreal que no sé donde estoy de pie.
Sólo quiero saludarte, devolerme un poco atrás con tus ojerosos rostros de agrado y que me digas que nada pasó y que todo esta bien.
Nadie entenderá jamás que es estar constantemente de pie, delante de un abismo sin plataformas tratando de no saltar....
Y no es que te esté culpando de todo, simplemente te extraño y hoy, casi  4 años después, entendí el valor real de todas las cosas y por fin pude unir todos y cada uno de mis cables.
Nunca te pude agradecer lo que estabas dispuesta a darme, sobre todo ahora que es lo que más quisiera tener en mi cotidiano: un aliento de tu voz

Elegías no, por favor, ya fueron demasiadas sin tener a nadie a quien contarselas.
Sólo quiero llenarme de canciones que canten de cosas lindas, cantadas por personas lindas y que lo digan de una forma linda.
Los relojes no saben devolverse, pero yo cada día trato de detenerlos un poco para inmolarme por haber sido tan yo y no haber aprendido a ser más tú que de costumbre.
Si hubiese abierto mis ojos antes, no tendría que quedarme hasta que el sol se asome entre los cerros buscando una respuesta y un consuelo a algo que ya no fue.

Por suerte, nada de lo que creo real ahora se compara al escuchar tu canción, imaginar las pomposas nubes en ese brillante azul como aquél día y creer escuchar que cantas cada nota precisa, acá a mi lado.
Ojalá los relojes algun día nos permitan cantar y devolvernos la amistad dentro del agobiado tiempo....



sábado, 12 de noviembre de 2016

Un punto de partida nuevo

Sólo dime que los tiempo siguen vivos
Que sigo manteniendo vivos esos recuerdos
Que nada importa
Nada
Estoy esperandote
En el mismo paradero de siempre
Cruzando los cielos de un oscuro Santiago
buscando algo que sé que no voy a encontrar
Tu imagen, tu sonrisa
Tu pelo suave y fino
pidiendome que no lo mire porque te ruborizarás
Perdoname, sigo aqui
No sé si te de miedo
que te hable al oído
mientras duermes en tu silencio
Te encontré en el azar de las oportunidades
pensando que algun día serías mia
Sólo dime que las mentiras siguen vivas
y que el amor que nos tuvimos hace tiempo atrás
sigue vivo, esta vivo y que me sigue matando...



viernes, 6 de mayo de 2016

Hora de irme

Anoche me di cuenta que todo estaba cambiando, mientras esperaba acá parado, sin saber que hacer, y aunque siempre recordaré haberte dicho que te esperaría hasta que algún día me volvieras a necesitar, creo que me debo ir y odio tener que dejarte. Aún tengo mis propios problemas y sé que tengo muy poco tiempo; sigo sintiendome solo y siempre estoy muy cansado para hablar

Anoche me di cuenta que mi mundo cambió mientras estaba aquí estancado debilitandome por esto, y sé que te dije que nunca jamás te iba a dejar atrás, pero me debo ir, aunque me quiebre el corazón decirtelo.
Ya no puedo parar ahora, aunque tenga mis propios problemas y ya no me queda tiempo

Aún me siento solo y cansado para hablar cuando vuelvo a casa
Y no puedo detenerme por nadie en esta ciudad, ya no puedo parar ahora.

El movimiento es lo único que mantiene mi corazón latiendo...




lunes, 29 de febrero de 2016

Museos de la memoria

Con mi primer curso como profesor de música, fuimos de paseo a un Museo donde no sólo habia música sino muchas otras formas de expresión artística, culturales e intelectuales. Cuadros, fotografía, escultura, reducciones arquitectónicas e incluso pinturas que se relacionaban con la música, las matemáticas y la física.
No sé si lo estaban disfrutando tanto como yo pues, con total serenidad, les contaba la historia de algunas obras y de cómo se convirtieron en obras y no en "basura artística" intencionalmente. Recordé incluso la relación de Beethoven con la literatura y de ahí me fui sirviendo un poco de conceptos para interesar a estos diamantes en bruto.
Recuerdo que dentro de ese gigantezco hall había una escalera que unía los dos pasillos del nivel superior a una gran y majestuosa pasarela llena de brillo que dirigía al piso inferior. Detras de unos pilares, apareció un sueño frente a mí, una ilusión que creí que no existía más pues nunca más nadie de mi círculo interior volvió a saber de ella.
No se cómo, ni porqué, pero ahí estabas, mirando el decorado del salón como solías mirar las partes traseras de los libros -antes de comprarlos o leerlos- y las fotografías que te tomabas con tu antigua cámara fotográfica. La misma mirada de complicidad intelectual que tenías cuando revisabamos los informes del otro, hace ya muchos años atrás.

Para mi suerte, había una ayudante trabajando conmigo e inmediatamente le pedi que se hiciera cargo del curso por el museo por una emergencia de último minuto que me iba a impedir seguir con ellos, acto bastante irresponsable de mi parte, ¡pero que diablos! Estabas tu ahí.
Me acerque asustado a tu lado y comencé a leer -con voz firme pero temblorosa- el afiche que estabas leyendo en aquél pilar:

"El duende que me escribe las novelas"
Funciones desde el 28 de Septiembre y hasta el 18 de Octubre.


Lo primero que pensé es que me ibas a esquivar como lo hiciste desde la última vez que leimos o cantamos juntos; esquivar mis disculpas que tratan de demostrarte que cometí un error y que siempre quise remediarlo, incluso hasta hoy, ese mismo error que ha hecho una imagen abominable de lo poco que he podido existir en este lugar.
Curiosamente, y al igual que la última vez que te ví, me preguntaste que porque no te había saludado antes. Y así como te respondí esa pregunta, te respondí todo lo que una fluída conversación de amigos que no se ven desde hace años pueda requerir. Incluso recordé a nuestros padres y de cómo me retaban por llegar tan tarde un día de semana siendo tan pequeño aún.

Pero ya no era un estupido chiquillo, así que te invité un café en un local que estaba unas cuadras más hacia el centro de la ciudad.

Recordé las canciones de la radio, las nubes que se veían por tu ventana, las enredaderas que estaban en el jardín y los envases plásticos de los dulces que solías compartir conmigo -los que creo que aun conservo- asi como nuestras conversaciones mientras esperaba el trén. Cómo iba a olvidar cuando querías lanzarte a las vías por algo que ahora ambos sabemos que fue una estupidez típica de jovenes, y que por suerte estuve yo ahí para contenerte.
Me contaste tu vida y todo lo que había sucedido desde la última vez que pudiste conversar conmigo sin espantarte, todo lo bueno y lo malo, lo divertido y lo triste; hablaste de tus viajes mientras yo te contaba que aún le tengo miedo a los aviones. Me sonreíste al saber que ahora puedo tocar algo de piano sin mirar el teclado y que canto algo mejor que antes, pero sin dejar de pasar la oportunidad para decirme que cada vez puedo mejorar más.

Así mismo como contamos nuestras experiencias, no quise dejar pasar la oportunidad, y te conté porqué hice todo eso que me alejó de ti, casi tratando de excusarme por ser un imbécil contigo, pero pidiendo comprensión. Era necesario que supieras que me dolió tanto esa desagradable situación que nunca más volvi a reponerme del quiebre de nuestra amistad y que todos esos momentos llenos de soledad se volvieron experiencias de vida. Es imposible deshacerse del cariño de un día para otro, pero aún más imposible era no comprender el porqué de las cosas y ahí debo decir que es porque tenía que ser así tal cual sucedió todo.
Lo hice antes y aquella vez, siempre volveré a pedirte disculpas por todo lo malo que pude haberte causado y que nunca jamás en mi vida mi intención fue molestarte o dañarte. Yo también se que duelen los problemas y así, como me ha tocado ser feliz a traves de la ruta de la música, es ésta misma la que me ha ayudado a sobrevivir los grandes dolores que he tenido a través de mi vida; es un lienzo gigantezco e infinito donde desembocan mis ideas, mis penas, mis rabias y mis felicidades también; es mi opera magna tratando de hacerme creer que puedo hacer las cosas mejor en un futuro y no volver a actuar sin pensar otra vez.

Cuando me di cuenta que no había tocado mi café, que ya estaba frío y que el tiempo pareciese haberse congelado por unas horas, me dijiste que ya no hablaramos de eso, que era tiempo de perdonarnos y que esperabas que yo hubiese aprendido la lección. Tomaste mi mano y sólo pude decirte que no quería que aquella situación desagradable volviese a repetirse pero, casi como por arte de magia, sacaste un papel -algo amarillo por los años- donde te escribí que iba a esperar lo que fuese necesario para poder hacerte reír otra vez. Cerraste los ojos, y me pediste dejar todo atrás, olvidar todos los años perdidos y retomar lo que alguna vez pudo ser y no fue.
Un hombre anticuado en algunas cosas -como yo- no sabría que decir ni que hacer. Miré mi presente en una milésima de segundo y, a pesar de tener en mis ojos a mis hijos y a mi compañera, no dudé en que quería un sucedáneo de feliz pasado en mi ahora, contigo
En el local donde estabamos, sonó la cancion de los relojes que tanto te gustaba y el sol radiante nos obligó a salir corriendo de ese lugar sin un rumbo claro. El césped nos invitó a sentarnos y creí haber recobrado el aliento desde la ultima palabra que te habia dicho.
Ya era tarde, no habia algún punto de retorno en ese lugar ni en ese momento, sólo pude quedarme en un gran silencio de redondas mirandote a los ojos sin dejar de tomarte las manos.
Un abrazo bastó para atravesar esa coraza de titanio que he tenido desde pequeño, esa coraza que tu habias dejado con un candado que sólo tú eras capaz de abrir completamente. Sentí como todos los años que habían pasado se hacían solo un par de horas, un sueño del que tenía que despertar en algun momento y despedirme de lo que habia construido sobre la arena.
Otra vez, eramos tu y yo, actuándo como los mismos jóvenes que discutieron y nunca mas volvieron a verse, sólo que esta vez tomamos los pasos correctos. Y antes de que pudiera decirte que sería capaz de esperarte otra vida más, lo leíste de mis ojos quebradizos, me besaste y me pediste que te siguiera esperando hasta que el tiempo y el universo decida que hacer de tu vida con la mía. Respiraste profundo, me pediste un ultimo beso, olvidamos donde estabamos y no podía desprenderme de ti.
Ahí recordé todo lo que tenía en mi vida, y aunque eso no me detuvo, sólo pude volver a ser tuyo, como siempre lo he sido y seré. Te dije que siempre te iba a amar pasara lo que pasara y ahora si pude decirte que te esperaré lo que fuese necesario, incluso si tengo que hacerlo toda la vida, otra vez.

Tome tus delgadas manos, te dije que estaba orgulloso de ti tanto como las personas que te han acompañado en tu largo camino y, con el gran dolor que nos dejan las cosas inconclusas, esta vez sí fui capaz de abrir los ojos y descubrir que siempre serás parte de mis sueños, en esa gran biblioteca con forma de museo que llamamos memoria. O al menos, hasta que mis días como humano mortal en este pedazo de cielo sigan creyendo que estoy viviendo.



lunes, 25 de enero de 2016

El sueño de Avellaneda

Sí, y aunque suene raro, desde que ya no estás en la oficina todo se ha vuelto triste y opaco. Y de nadie es la culpa, sólo es el pedacito de realidad que el cosmos quiere para ambos.

Y todos los días, mientras trato de avanzar en las tareas de la empresa, tu nombre resuena una y otra vez, como si tratara de corromper mi tranquilidad o recordarme que hace ya un buen tiempo nuestra coexistencia se diluyó en el huracán.

Todos los dias seguire esperando a que atravieses ese umbral y sin un gesto de busqueda me digas "disculpame por llegar tarde." Ese es mi gesto de amor mas puro que existe.

Como te extraño, Avellaneda.