Cuando llueve, cuando sale el sol, cuando las nubes hacen del cielo algo misterioso, cuando la noche aplasta salvajemente las luces y la luna se deja caer con su ejercito brillante sobre el lienzo oscuro al que todos volveremos alguna vez. Esa sensación intrínseca de querer conquistar la vida en un segundo y querer un segundo más para vivir nuestras vidas.
Y acá estoy sentado, frente a un gran océano lleno de ilusiones y esperanzas, tratando de encontrar tu mano para caminar juntos hasta hundirnos juntos en el horizonte...
Para mi tu eres y serás siempre Avellaneda, mi Avellaneda.