domingo, 19 de abril de 2015

Límites.


Me llegan a doler las rodillas, tiemblo cual niño sale a tocar por primera vez ante un público demoledoramente crítico. Ya había olvidado el sabor del nerviosismo de no saber que será lo que vendrá.
Hay muchas metas puestas y bastante por lo que trabajar, pero eso no es limitante para alguien que, a sus 24 años, ya ha cumplido algunos (banales) sueños de infante.
Mirar hacia adelante y no pensar que en un segundo habría cambiado todo; sólo es tomar un par de buenas decisiones y volar hacia mucho más allá del sol.
El límite es el cielo pero el cielo no conoce de límites.

martes, 7 de abril de 2015

La lógica del error inusitado

No habían animales ni flores ni bosques merodeando
Sólo tu cara dibujada en las nubes y el viento que fuerte soplaba tu eco
Pero aquel timbre de las ramas mecidas por la sutileza de otoño
no era tuyo ni para mi, no era de nadie más que del error mismo,
del mismo error inusitado que tocó a mis sentidos
y que me encandilo febrilmente hasta saborear la magia de la logica:
las apariencias engañan y lo efímero abre heridas como una navaja en los recuerdos
La navaja afilada que cae en los cuellos de los reyes y que hace sentirse libres a todos los que, vivos, caminan muertos...



lunes, 6 de abril de 2015

Robots

En una habitación totalmente cerrada habían 2 puertas distintas y cada una era custodiada por un robot idéntico al otro. Cada puerta daba con una dirección diferente: una llevaba a la salida del recinto y la libertad misma, mientras que la otra dirigía a una muerte lenta y dolorosa.
Para poder salir de la habitación era menester hablar con ambos robots y preguntarle a cada uno cuál era la salida. Claro está que alguno de los 2 robots mentiría para llevarnos al desapego de la vida terrenal y perdernos de la increíble experiencia sensorial que llamamos "vida".
Vacilé bastante a la hora de decidir por cual de ambas puertas debía salir, no habia más información disponible que la gran duda sobre cual de los 2 robots mentía.
De pronto, un flash despejó mi mente y miré a ambos robots, dirigiendoles la misma pregunta. No me asustaba morir, pero lo que había al otro lado eran solo maravillas y era una grandiosa invitación a disfrutar aún mas de mi vida. Sólo uno de los 2 robots realmente se sinceró y trató de despejar mi duda.
Por mi "gran" capacidad de deducción, opté por salir por aquella puerta que menos seguridad me dió y entré en un laberinto interminable hasta hoy. No era lo terrible lo que había al otro lado, sino la seguridad misma que tenía que tener en mi para cruzar el umbral, la misma seguridad necesaria para salir del laberinto silbando y sin hacer caso a los miedos. Por suerte no erré en el camino y quizás debería hacerle sentir más inseguridades a todos mis miedos.


Al final del día no importa si nos equivocamos de puerta sino mas bien cuan valientes atravesamos los umbrales de la duda.