viernes, 30 de enero de 2015

Almas

La libertad misma de dejar que vuelen nuestros sesos.
Nosotros inventamos la música que será la única que nos acompañe a nuestro paso a la eterna gloria de la conjunción espirital en el centro más eclíptico del silencioso universo.
No más cadenas, solo la libertad de gritar con el alma que estuvimos haciendole frente a toda la duda del existencialismo puro. Y no hay más poder posible de conseguir que tener a los ángeles en frente, derritiendose y vomitando sus eternas esencias frente a la amplia sonoriedad de las trompetas hechas cuerdas. Cada ángel aterrorizado de nuestra opulenta convicción y de las miles de auras que rodeaban a los divinos militares, cegados por el brillo de nuestra esencia.

No existe nada más que nuestra propia existencia, pero eso no nos condena a quemar nuestra putrefacta carne en la rutinaria cadena alimenticia de egos y esperanzas, no.
Hoy más que nunca tengo la convicción de que mi mente descansa de las arpías y que mi alma por fin se liberará de la fragua incandescente de la evaporacion espiritual