Lentamente voy olvidando que tu espectro sonoro, tan común como el de todos, fue alguna vez especial y único.
Apartandome con descuido y desínteres de quinceañera sin autorespeto, saciada de los ofrecimientos juveniles de las versiones mas contemporáneas de los principes azules.
Rechazando las miradas cómplices y casi devolviendo los besos de alguna vez, esos que el joven de la manada ha reclamado suyas y que el aún más joven usurpa diariamente.
